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lunes, 2 de noviembre de 2015

VIVE (DIA DE MUERTOS 2015)



En esta ocasión, abordé el tema de una manera completamente distinta a lo que he estado haciendo. Es, sin duda, el que más trabajo me ha costado en todos los sentidos. Comparto mi video anual de Día de Muertos; recordando con mucho cariño a los que ya no están. Feliz día!




miércoles, 22 de octubre de 2014

BLOQUEO DE ESCRITOR






Hace mucho tiempo que la inspiración me abandonó. Ya no se acuerda ni siquiera de mi nombre; y cuando por casualidad la llego a encontrar en una de esas interminables noches de insomnio,  desvía su mirada de la mía pretendiendo que no existo.. que soy invisible, al menos para ella.
Yo solía ser un exitoso y afamado escritor. Mis libros se vendían como caramelos en un día cualquiera. Vivía al ritmo vertiginoso de un "best seller" tras otro; aquello no parecía tener fin.
Tenía siempre la agenda a tope entre fiestas, conferencias y presentaciones. Pertenecía a la élite intelectual y era un personaje reconocido en los altos círculos de la literatura.
No sé exactamente en qué momento todo eso se esfumó. Solo conservo el vago recuerdo de haberme levantado una mañana como quien despierta desorientado y confuso, intentanto incorporarse a la realidad, con la resaca de lo que fue la noche anterior.
En ese momento me vi en la imperativa necesidad de tomar una decisión crucial para mi futuro: Sacrifiqué entonces una parte de mí, y me deshice de toda sensibilidad y de todo noble sentimiento para salvaguardar mi salud física, emocional y mental.
Me convertí en un ser apático, indiferente, frío y distante; carente de toda emoción. ¿Los motivos? no tiene caso alguno mencionarlos o recordarlos. Procuro no pensar más en ello. Lo verdaderamente importante es que desde entonces la insipiración me dio la espalda; tomó de la basura todo aquello que me animaba a escribir, se marchó para no volver y me abandonó a mi suerte dejándome en la más absoluta miseria espiritual.
Ahora todos mis libros se encuentran empolvándose en el estante más alto de un enorme librero. Los puse allí a propósito: de esa manera no se llegan a apreciar a simple vista y son, hasta cierto punto, inalcanzables... Un recuerdo mudo de lo que alguna vez fui.
De vez en cuando me reconocen en la calle, y me preguntan si volveré a escribir.... Cuándo saldrá a la venta mi próximo libro o si ya trabajo puliendo algún argumento... Me limito a contestar un "quizás" que no suena para nada convincente y me alejo de inmediato. Evito el tema en tanto sea posible.
Alguna vez, por la televisión, escuché a un crítico decir que yo tenía un "bloqueo de escritor"; de ahí que no publicara ya obra alguna. Sonreí irónicamente. Esos comentaristas creen saberlo todo y en realidad no saben nada.
Lo que tengo podría más bien llamarse "bloqueo emocional" por decisión propia y, creo yo, a perpetuidad.
Fue, en su momento, una elección de vida o muerte; la cual me permitió sobrevivir, o lo que es lo mismo, ir muriendo en vida, como se pueda entender.  Una resolución tomada obligado por ciertas circunstancias en un momento dado y de la cual no me arrepiento..... la mayoría de las veces....

domingo, 3 de agosto de 2014

LA SOMBRA DE UN SOLDADO



El sol caía en pleno sobre los campos de cultivo. Anselmo caminaba trabajosamente abriéndose paso entre los maizales. Había caminado por horas de regreso a su pueblo natal; el cual se encontraba en un lugar remoto, alejado de toda civilización.
En esos momentos, afuera de la pequeña casita de adobe, Trinidad recolectaba la ropa que había dejado secar al sol desde muy temprana hora. Mientras acomodaba las prendas en su canasta, algo le hizo alzar la mirada hacia el horizonte. Avanzó unos pasos y agudizó la vista, tapándose el resplandor del sol con una mano. Alcanzó a ver a lo lejos una figura espigada, un tanto tambaleante, que se acercaba cada vez más. Cuando hubo reconocido el andar de aquel desconocido, se puso pálida, dejó caer la canasta y corrió hacia el interior de la casa.
Doña Ernestina se encontraba terminando de preparar la comida; pues se acercaba ya la hora de llegada de Don Anselmo, su esposo, y Danilo, su hijo menor, quienes suspendían sus faenas en el campo para tomar sus alimentos.
Trinidad entró como un tornado y tomó del brazo a su madre para que saliera.
- ¡Mamá, rápido, venga a ver quién regresa a la casa! - exclamaba con una mezcla de emoción y cierta preocupación.
- Niña, pero ¿Qué pasa? ¿por qué gritas así? - respondió Doña Ernestina, algo molesta por la interrupción.
Ambas salieron al patio y se encontraron casi de frente con Anselmo, que por fin llegaba a su destino.
- ¡Anselmo!... ¡M'hijo! - gritó Doña Ernestina, y corrió a abrazar al mayor de sus hijos, que hacía ya cuatro años que no veía.
Trinidad se mostró recelosa. No parecía ser el mismo que se fue hace años, reclutado por el ejército para pelear, como muchos otros, en una guerra que parecía ser interminable y que, además, ni siquiera era suya.
Doña Ernestina se volvió hacia su hija:
- Trini, ¿No vas a saludar a tu hermano? ¡Abrázalo!
Trinidad obedeció, y abrazó a su hermano; pero lo sintió tan frío y distante que se alejó de inmediato.

Dos días después, la noticia del regreso de Anselmo estaba en boca de todos los habitantes del pueblo. Esa tarde, Trinidad salía de la iglesia y sintió todas las miradas de los feligreses sobre ella. Escuchaba los murmullos;  y a medida que avanzaba percibía el mismo tema en todas las conversaciones:
- Dicen que ya no regresó igual. Que trajo "la sombra" con él.
- ¿Ya lo viste? parece como "ido"
- Si tiene "la sombra", que Dios los ampare....
- Pobre Doña Ernestina, cómo le fue a pasar a su hijo....y es el mayor.....
Trinidad apresuró el paso y llegó malhumorada a su casa. Anselmo se encontraba sentado a la mesa, comiendo un plato de sopa sin gesto alguno, con la mirada perdida. Trinidad cruzó la pequeña pieza y llegó hasta la otra habitación donde su madre bordaba tranquilamente un dibujo de flores moradas y amarillas.
- Mamá, la gente no para de hablar. Tiene que hacer algo con Anselmo. Todos dicen que trae "la sombra", ¿Por qué no lo lleva con Catalina para que le diga si es verdad?...
Doña Ernestina la miró, un poco temerosa.
- ¿Pa' qué, hija?... A tu hermano no le pasa nada. Solo está cansado.
Trinidad enfureció.
- ¡Pero si se la pasa dormido todo el día! ¿No se da cuenta?... y cuando no está dormido, anda con la mente perdida, sabrá Dios en dónde o en qué... Y todo el pueblo está hablando de nosotros...
Don Anselmo entró de pronto, reprendiéndola en tono muy serio.
- Trinidad, deje de gritarle a su mamá. Su hermano no tiene nada, estamos felices de que haya vuelto; mejor alégrese también y deje de hacer caso de chismes y habladurías.
La muchacha sabía que sería inútil seguir discutiendo, dio media vuelta y salió de la casa apresuradamente con lágrimas de impotencia en sus ojos.
Anselmo la miró de reojo y salió tranquilamente tras ella.

En el patio terregoso de la pequeña casita de adobe, al lado del gallinero, había una roca que hacía las veces de asiento. Trinidad estaba sentada allí, mirando a las gallinas merodear alrededor, buscando algunos granos de maiz en el suelo. Se sentía molesta. Realmente odiaba ser el centro de rumores tan negativos.
Anselmo llegó y se sentó junto a ella, mirando el sol ponerse a lo lejos, en el maizal.
- No deberías molestarte por lo que dice la gente - dijo indiferente - Tal vez tengan algo de razón.
Trinidad lo miró disimuladamente mientras proseguía.
- El muchachito que se fue hace cuatro años no es el mismo que regresa. No se puede ser el mismo cuando se ven y se viven tantos horrores. La guerra te cambia. Te enfría y te endurece. A mi me dieron un arma, me enseñaron a usarla en un día y me aventaron a los 16 años a un campo de batalla con una única instrucción: "Apunta, dispara y no falles".
Se hizo un silencio muy tenso, y Trinidad se volvió a mirar a su hermano con miedo e incredulidad. Anselmo respiró profundo y continuó.
- Cuando matas al primero, te invade un sentimiento de terror, de culpa y desesperación. Después matas al segundo, al tercero... y ya para el cuarto o quinto dejas de sentir. Se te olvida lo que es la compasión o el amor al prójimo. Es tu vida o la del otro, y ya ni lo piensas siquiera. Sabes que entre más mates más pronto regresas a casa. Dicen que traigo "la sombra".... pues se equivocan. Uno no regresa con "la sombra"; a uno lo regresan convertido en eso... en apenas una sombra de lo que un día fue.
Trinidad se sintió horrorizada y profundamente avergonzada por su actitud. Su hermano había pasado por tanto y a ella solo le había importado lo que la gente decía. Se levantó de golpe y corrió llorando hasta tumbarse en su cama; en donde se quedó hasta la mañana siguiente.

Los primeros rayos del sol apenas despuntaban cuando Doña Ernestina entró al cuarto donde dormía su hija y la sacudió suavemente.
- Hija, despierta, hay que desayunar pa' que me acompañes a llevar a tu hermano con Catalina. Ya me preocupó, anoche se quedó sentado en el sillón con los ojos fijos. No durmió nada y es hora que todavía está ahí, sentado, en la misma posición.
Trinidad se sentó en la cama para despertar por completo.
- ¿Y mi apá qué dice?
Doña Ernestina le alcanzó ropa para que se cambiara.
- No le da importancia, dice que es normal, que se le irá pasando, que en unos días, cuando lo vea más fuerte, se lo va a llevar a trabajar al campo junto con Danilo. Pero por si acaso, mejor vamos con Catalina.
Las dos mujeres se apresuraron y llevaron  a Anselmo a las afueras del pueblo, donde vivía Catalina, una anciana que tanto era curandera, como partera y consejera; cuyo conocimiento había pasado de generación en generación desde tiempos ancestrales; por lo cual era muy respetada y consultada por la gente del lugar.
Después de revisarlo detenidamente, y cruzar algunas palabras con él, Catalina dedujo que, efectivamente, Anselmo había regresado trayendo "la sombra" con él.
- Tienen que estar muy al pendiente del muchacho - les aconsejó - Ustedes ya saben que "la sombra" siempre trae desgracias.
Doña Ernestina, preocupada, preguntó qué se podría hacer.
- Rezar - contestó Catalina - rezar mucho y estar muy al pendiente de él. Si lo miran con atención, notarán que siempre está "oscuro"... su piel ya no refleja la luz.
Se acercó a la angustiada madre y la tomó del hombro en gesto solidario.
- Hazte a la idea, Ernestina, que este que ves aquí, ya no es tu hijo. Tu muchacho ya no está en ese cuerpo. Es el puro "cascarón". Recen y cuídense mucho.
Acompañó a sus visitantes a la puerta y los tres regresaron a casa en silencio.

Esa noche, Doña Ernestina despertó sobresaltada al escuchar varios gritos y estruendos. Saltó de la cama, salió de su pieza y vio, en el centro de la casa, a su hijo mayor sosteniendo la escopeta de caza de su padre. El panorama era aterrador: los cuerpos sin vida de su esposo, Don Anselmo y sus otros dos hijos, Trinidad y Danilo, yacían tendidos, ensangrentados, en el piso de tierra.
- ¡M'hijo!... pero ¿Qué has hecho?.... ¿Por qué?... - preguntó, temblando, sin poder apartar la mirada de la trágica escena.
- Fue "la sombra" mamá - contestó calmadamente, con los ojos vacíos - Aprendí a matar y ahora ya no sé hacer nada más. Aprendí a ser sombra y ahora no soy nada mas que eso.
Doña Ernestina se volvió a mirarlo. Un escalofrío recorrió su cuerpo. El hombre parado frente a ella no tenía mirada. Y su rostro no le era familiar. No le recordaba para nada aquella cara alegre, tan llena de vida y un tanto angelical de su primogénito, al que se habían llevado hacía ya cuatro años.
Anselmo levantó la vista y miró a Doña Ernestina, sin verla.
- Perdóneme, mamá... - y diciendo estas palabras, le disparó a quemarropa. Después caminó lentamente hacia la puerta, la abrió de par en par, levantó la cabeza y miró el cielo nocturno colmado de estrellas, mientras una brisa fresca y suave le acariciaba el cabello. Cerró los ojos. "Es una lástima que ya no sea capaz de apreciar este cielo y esta brisa" pensó, mientras colocaba el frío cañón del arma justo bajo su barbilla.

Al amanecer, la gente se amontonaba afuera de la pequeña casa de adobe, que hasta un día antes fue el hogar de Don Anselmo, Doña Ernestina y sus tres hijos. Dos campesinos, padre e hijo,  se detuvieron, curiosos, detrás de la multitud, alcanzando a ver cómo eran sacados cinco bultos en grandes bolsas negras para acomodarlos dentro de una camioneta del gobierno estacionada frente a la propiedad. El más joven de de los campesinos dijo, mirando fijamente a la entrada para no perder detalle:
- Dicen que fue otra vez "la sombra" ¿Verdad?
- Dicen... - contestó el padre - Por eso mejor la gente debería de rezar, pero pa' que ya no regresen los que se van. La guerra se lleva a sus hijos, y lo único que les trae de regreso es un cuerpo vacío con una sombra a cuestas. Y después esa sombra los envuelve a todos... como si se los tragara.
Ambos dieron media vuelta, el padre rodeó con el brazo los hombros de su hijo, deseando que jamás le ocurriese algo semejante, y continuaron su camino.
Y mientras el cielo se iluminaba con la cálida luz del día que comenzaba, la casita permanecía en penumbras, como si una oscuridad perpetua se hubiera apoderado de ella.

sábado, 10 de mayo de 2014

lunes, 5 de mayo de 2014

EL POBRE DR. FRANKENSTEIN

El Dr, Fankenstein dedicó gran parte de su vida a su proyecto. Pasa interminables horas en su laboratorio diseñando, estudiando, construyendo. Después, comenzó a recolectar partes humanas de los cementerios. Con paciencia y dedicación, hoy conseguía una pierna, mañana un brazo y dentro de una semana, la cabeza. Una vez reunidas todas las piezas, las unió lo mejor que pudo para que dieran el aspecto de un ser humano. Se mantuvo informado de los fenómenos climáticos e hizo las modificaciones necesarias para cuando llegara el momento.
Por fin una noche, lo que tanto había anhelado: se desató una fuerte tormenta cuyos relámpagos iluminaban el cielo como si fuese de día. El científico se apresuró a disponerlo todo de inmediato. Cubrió su "creación" con una sábana y lo subió hasta lo más alto, donde pudiera recibir las enormes descargas eléctricas de la tormenta. Cuando hubo terminado, lo trajo de vuelta y se emocionó al ver movimiento a través de la tela. Pero cuando lo descubrió, toda su emoción se transformó en horror. Se llenó de enojo, de vergüenza y asco al ver el monstruo deforme y estúpido que había creado. Lo único que le provocaba era repulsión.
Ante la enorme frustración llevó a su monstruo a las más lejanas montañas y le abandonó.
De regreso en su hogar, al calor del fuego de la chimenea, no podía hacer más que lamentar su suerte. Mientras degustaba deliciosos manjares en la cena, se repetía a sí mismo que había sido víctima del destino cruel y despiadado. Cada vez que salía de tomar un baño caliente y sentía la suave y delicada tela de ropa limpia rozar su piel, se compadecía de sí, al afirmar que su gloria le había sido arrebatada.... ¿Por quién?... Y cada noche, antes de dormir en su blanda y cómoda cama, se acordaba de aquella criatura únicamente para maldecirla por haberlo llevado al fracaso de su carrera científica. Jamás, sin embargo, se le ocurrió imaginar siquiera la "vida" que aquella criatura estaría llevando: solo, despreciado, humillado, sin un ápice de civilización a su alrededor. Pasando frío.
Si, ¡Pobre Dr, Frankenstein! Qué difícil fue para él sobrellevar el fracaso. Eso era lo que realmente importaba.
Porque, ¿Para qué molestarse en compadecer a algo que ni siquiera llega a ser humano? Sería una absurda pérdida de tiempo considerarlo siquiera; y el tiempo es un recurso demasiado valioso; pensaba el Doctor... siempre es mejor saber aprovecharlo repitiéndose a sí mismo una y mil veces que él era la víctima en todo esto; en lugar de desperdiciarlo pensando en lo que aquel monstruo, que fue su ruina, pudiera estar sintiendo. Después de todo, era solo una bestia ignorante.... Y los monstruos no tienen sentimientos.... ¿O sí?......


Es mucho más fácil ignorar, esconder, e incluso culpar de nuestras desgracias a los monstruos y demonios que nosotros mismos creamos con tanto afán. El tener la capacidad, la fortaleza, la inteligencia y la entereza de mirarlos de frente, encararlos, enfrentarlos y en su caso, corregirlos o eliminarlos les está reservado únicamente a los valientes. A los que prefieren tomar la responsabilidad de sus actos y las consecuencias de los mismos; por difícil que sea. En fin, a los que quieren ser mejores.

martes, 14 de enero de 2014

Uno de tantos sueños... de una de tantas noches...

Corría el año mil ochocientos... y algo. Había una guerra civil en contra de quienes querían imponer la monarquía. En lo alto de unos cerros se llevaba a cabo una importante batalla entre los soldados de "La Corona" y los llamados "Rebeldes". El propoósito: impedir que los detractores boicotearan la ceremonia de coronación de quien sería Rey; cuya fecha estaba ya muy próxima.
Tom Hiddleston*, a pesar de pertenecer a una de las familias aristocráticas más importantes de la época, se encontraba comandando a un grupo de "rebeldes", luchando hombro con hombro con varios batallones y planeando estrategias junto con otro "comandante".
Las tropas se atrincheraban en unas casas abandonadas ubicadas en la cima de un cerro; y al amanecer se veía a Hiddleston caminando acompañado de su "colega" entre los cuerpos enemigos... algunos muertos, otros agonizantes.
A pesar de su rudeza y la frialdad que presentaba a sus comandados, Hiddleston guardaba un triste sentimiento de nostalgia por su amada, Sasha Sökol, con quien había iniciado una relación poco antes de marcharse a la batalla. Era tanto su amor por ella y tanto la extrañaba, que a menudo apenas si podía conciliar el sueño durante el poco tiempo que tenía para dormir.
Un día, Hiddleston envió a su mano derecha, Viggo Mortensen**, a recibir y traer  las provisiones que un grupo de personas llevarían de la ciudad; con quienes debía encontrarse justo en la mitad del camino para escoltarlos al campamento. Mortensen partió enseguida.
En la ciudad, mientras tanto, Sasha sufría lo indecible por estar lejos de su amado; y por el deseo insatisfecho de ser de ayuda en la guerra contra la Monarquía.
Ella se quejaba amargamente en la cocina de la casa de su mejor amigo, Sebastián Rulli, en donde el horno de piedra desprendía un calor abrasante debido al pan que se horneaba en él. Sentado a la rústica mesa, Rulli escuchaba el desahogo de su amiga de la infancia, que una vez hecho patente el sufrimiento por el cual atravesaba, le pidó consejo esperando obtener un poco de consuelo. Rulli respondió, sin mirarla y con gesto indiferente: "¿Quieres ver a tu amado? Junta algunas provisiones... agua, comida, ropa limpia, y únete al contingente que está próximo a salir hacia la zona de batalla". Sasha sonrió, complacida, y salió de prisa a prepararlo todo para ir al encuentro de su amor.
Mientras esperaba, Mortensen recibió un recado de manos de un mensajero que decía que Sasha también acudiría a donde estaban atrincheradas las tropas. Mortensen pensó que Hiddleston se alegrería; de manera que a su vez, envió al mensajero para que le diera la noticia a su Superior.
Cuando Hiddleston recibió el mensaje, no cabía en sí de felicidad. Esa noche decidió dedicarla un poco para él y se sumergió en el agua de una tina de baño improvisada. Y aunque, como todas las noches, los gritos y los balazos no daban tregua alguna, esta vez.. solo esta vez, decidió ignorarlos... hundiéndose completamente en el agua jabonosa.
A media mañana del siguiente día, la señora que hacía las funciones de criada entró en el cuarto donde Hiddleston aún dormía profundamente. " Al parecer el baño lo relajó demasiado", le comentó la criada a una chica que lideraba uno de los grupos a cargo de Hiddleston. La dama sacudió ligeramente al "comandante" para despertarlo, éste se levantó y desperezó de inmediato; y mientras se ponía la camisa y las botas, escuchaba a la chica. La ceremonia de Coronación sería esa misma noche; y tenían un plan para que no se llevara a cabo y que finalmente la victoria fuera para los rebeldes y así terminar por fin la guerra. La idea era infiltrar parte del personal entre los asistentes y las tropas de la Monarquía durante el evento; y en el momento adecuado, los infiltrados bajarían los pantalones a las tropas, mientras el resto de los rebeldes atacaban aprovechando la humillación y la confusión.
(Se hace una pausa y aparece en un escenario un mariachi cantando "odas" al futuro Rey, en el "previo" de la ceremonia).
Hiddleston se levantó. De pie, frente a la líder le invadió un sentimiento de emoción y al mismo tiempo de cierta angustia. En ese preciso instante, Mortensen escoltaba a Sasha, quien cargaba un enorme recipiente de arroz con leche, en la entrada del campamento; próximos a llegar a su destino.
La líder seguía hablando, describiendo los detalles del plan.. pero Hiddleston ya no la escuchaba. Volteó hacia la pesada puerta de madera vieja; mirándola fijamente, como si quisiera atravesarla.

Despierto súbitamente y miro el reloj: las 5:30am... pienso que aún me queda un poco de tiempo para dormir. Me doy la vuelta, cierro los ojos y consigo dormir de nuevo.

Mi mamá me apresuraba para que me fuera; pues se hacía tarde para irme a trabajar. Yo me encontraba en la cocina, mirando el interior del refrigerador, en donde había un apetitoso pastel que mi hermana mayor había llevado un día antes. "Ah qué poca madre... había pastel y ni me dijiste ni me ofreciste" reclamé. Mi mamá ni se inmutó, solamente se limitó a contestar: "ay ni me acordaba que había pastel".
Mientras salía apresuradamente comenté, recordando la escena en la que Hiddleston se queda mirando la puerta de su cuarto: "Chin, me voy a perder la novela y la quería ver porque ayer se quedó bien padre..."

El despertador sonó. Hora de dejar el sueño y enfrascarse en la realidad.... Lo cual, en noches como ésta, para mi cerebro es un verdadero alivio....



*Tom Hiddleston: Actor que interpreta a "Loki" en las películas de Thor.
**Viggo Mortensen: Actor que interpreta a "Aragorn" en la trilogía "El Señor de los Anillos"
Sasha Sökol: Actriz y cantante mexicana, ex integrante del grupo "Timbiriche"
Sebastián Rulli: Actor de taravisa.